El tesoro del Presidente del Paraguay
El tesoro del Presidente del Paraguay —¡Ahora las municiones!
—No tengo.
El globo, aligerado de aquel peso, que por otra parte era de poca entidad, continuaba cayendo, aunque con menos velocidad, sostenido en parte por él viento que se engolfaba entre sus pliegues.
—¡Sosténganse firmes! —gritó de pronto el marinero.
Un instante después el globo tocaba a tierra, tumbándose junto al borde de un espantoso precipicio.