El tesoro del Presidente del Paraguay
El tesoro del Presidente del Paraguay —¿SerÃa una peña o un árbol?
—Más bien un árbol. ¡Señor Calderón!
—¿Qué quieren ustedes? —preguntó el agente, cuya voz, por la primera vez no era tranquila.
—¿PodrÃa usted decirnos dónde estamos?
—Encima de un bosque de pellÃn, de lo menos cien pies de altura.
—Entonces estamos sobre los Andes.
—Es muy posible.
Una sombra negruzca que se agitaba a derecha e izquierda con violencia, apareció confusamente ante el aeróstato. Cardoso y el maestro dieron mi grito de terror.
—¡Estamos perdidos!
El aeróstato, empujado por el viento, embistió con extremada violencia y se dobló a la izquierda con agudo crujido.
—¡Caemos! —gritó el maestro.
—¡Sosténganse firmes! —se oyó gritar al agente del gobierno.
El globo, doblado por sà mismo, caÃa con, gran rapidez, describiendo cÃrculos concéntricos. Por los desgarrones de la envoltura escapaban nubes de denso humo.
—¡Diego! —exclamó Cardoso, que se mantenÃa desesperadamente agarrado a las mallas de la red.
—¡Tira la carabina! —mandó el maestro arrojando a su vez la suya.
—Ya está hecho.