El tesoro del Presidente del Paraguay
El tesoro del Presidente del Paraguay —Entonces, estamos a dos pasos de Chile —dijo el maestro.
—SÃ, con tal que encontremos un paso.
—Las piernas están todavÃa buenas y si se necesita treparemos por aquellas montañas que nos cierran el paso por el Oeste.
—¡Mira, mira, marinero! —exclamó Cardoso.
—¿Qué ves?
—Una montaña que lanza humo.
El marinero y el agente del gobierno miraron en la dirección señalada, y vieron, hacia el Norte, una gran montaña que sobrepasaba las nubes, cubierta de nitidÃsima nieve y de cuya cima se elevaba un desmesurado penacho de humo que el viento abatÃa de cuando en cuando.
—Es un volcán —dijo el agente del gobierno—. Acaso el de Antuco.
—Y aquello, ¿si parecen hombres? —dijo el maestro—. ¡Caramba! No pensaba ver rostros humanos en este paÃs.
Por una sendita abierta en una grieta de un monte, y que parecÃa conducir a un vallecito, un grupo de hombres descendÃa lentamente. Aunque todavÃa estaban lejos, el maestro los identificó como indios y, todos llevaban fusil.
—¿Quiénes serán esos hombres? —preguntó Cardoso.