El tesoro del Presidente del Paraguay
El tesoro del Presidente del Paraguay Nadie respondió y a nadie se vio entrar. El maestro, creyendo que no le hubieran oÃdo, avanzó hacia la puerta, pero en seguida retrocedió, pálido como un difunto y con los cabellos erizados.
—¿Qué pasa, marinero? —preguntó Cardoso asustado.
—¡Hay…, hay…, que la puerta ha sido cerrada! —exclamó el maestro con voz entrecortada.
—La haremos volver a abrir.
El maestro, que parecÃa presa de terrible agitación, arremetió contra la puerta chocando contra ella con tal empuje que hizo temblar la casa entera. La puerta ni siquiera retembló, tan gruesa era, y bien cerrada estaba; pero se oyó por la parte de afuera una voz que gritaba:
—¡Quietos o hago fuego!
—¡Por mil millones de rayos! ¡Abrid! —tronó el maestro.
—¡Abrid o saltaremos por las ventanas! —añadió Cardoso.
Una carcajada fue la respuesta. El maestro, con los ojos desorbitados, corrió a las ventanas, pero pronto retrocedió lanzando un verdadero rugido; las dos estaban defendidas con gruesos barrotes de hierro y cerradas herméticamente con sólidos tapaluces.
—¡Nos han hecho traición! —exclamó el marinero, con voz desgarradora.