El tesoro del Presidente del Paraguay
El tesoro del Presidente del Paraguay Extrañas conversaciones se cruzaban en lengua española entre los marineros, especialmente entre aquellos que vigilaban a proa, bastante lejos de los oficiales que estaban de pie en el puente de mando, ocupados en escudriñar el mar con poderosos anteojos.
—Dime, Pedro —decÃa un mozalbete que masticaba con visible satisfacción un gran pedazo de cigarra, volviéndose hacia un contramaestre que estaba apoyado en una pequeña ametralladora tapada con una funda de tela embreada—, ¿se atraca o seguimos navegando?
—No sé más que tú, Alfonso —respondió el interrogado—. El capitán es quien manda, y él sabe lo que hace.
—¡Buena manera de navegar! Hace dos dÃas que al ponerse el sol nos acercamos a la costa y al salir el sol volvemos a salir mar afuera. ¿Tendrá el capitán miedo de la fiebre amarilla?
—¡Nada de fiebre amarilla! Teme algo peor.
—¿Qué otra cosa?
—A los brasileños y a sus aliados.
—¡Bah! Nuestro valeroso presidente Solano López los tiene muy ocupados para que les quede tiempo para ocuparse de nosotros.
—Y yo te digo que a ellos les interesa más ocuparse de nosotros que no del ejército del Paraguay. ¿Sabes tú qué cosa llevamos en la bodega?
