El tesoro del Presidente del Paraguay
El tesoro del Presidente del Paraguay —¿Cuántos metros?
—Mil doscientos.
—¿Solamente?
—Ni uno más. Estamos bastante mal, marinero, y si no mandamos a nuestro globo a cualquier hospital, mañana por la mañana nos hará beber en el gran vaso.
—Pero antes de que nos chapuce en el mar, tiraremos todo, hasta las armas si nuestra salvación lo exige. En tanto, ahora que tenemos tiempo, pensemos en poner en seguridad el tesoro.
Se sacó del pecho una llavecita, abrió una cajilla de acero que estaba tapada con las mantas y sacó dos largos cinturones de malla de seda que mostraban hinchazones desiguales.
—¡Quién dirÃa que aquà dentro hay siete millones en diamantes! —dijo—. ¡A fe mÃa, una hermosa suma! Toma y esconde esta bolsa entre tus ropas.
—Estará segura, Diego —respondió el chico con voz emocionada—. Tendrán que matarme para arrancarme el tesoro de nuestro valeroso presidente. Pero ¿no lo reclamará el señor Calderón? El es un hombre y yo soy un muchacho.
—El capitán nos ha encomendado el tesoro a los dos y no al señor Calderón.
—¿Acaso desconfÃa?