El tesoro del Presidente del Paraguay
El tesoro del Presidente del Paraguay En su seno los rayos se cruzaban en todas direcciones, produciendo truenos formidables que ensordecieron a los dos marineros, pero que no parecÃan ser lo suficientemente fuertes para el flemático y taciturno agente que continuaba durmiendo tranquilamente, como si se encontrase en una cómoda estancia.
A las 11,15 el globo, que se habÃa elevado bruscamente, se precipitó entre la masa de vapores. No habÃa momento que perder si no querÃan correr el peligro de ser abrasados por el rayo.
El maestro cogió el barrilillo que contenÃa una veintena de litros de whisky y lo arrojó fuera. El aeróstato se elevó rápidamente hasta cinco mil metros, donde se sostuvo por dos lloras, pero luego volvió lentamente a caer.
A las dos de la mañana, el maestro, que miraba debajo de sà coa inquietud, ya no vio nubes. Unicamente hacia el Este, distinguió todavÃa rápidos fulgores que debÃan ser relámpagos.
El viento habÃa calmado un poco, pero se mantenÃa bastante fresco, empajando continuamente al aeróstato hacia la costa americana.
—El huracán ha cambiado de camino —dijo a Cardoso—. Bien, al menos no corremos el peligro de recibir un rayo en medio del cuerpo.
—Pero la situación no ha mejorado, mi buen Diego —respondió el muchacho—. Siempre bajamos.