El tesoro del Presidente del Paraguay
El tesoro del Presidente del Paraguay —¡Eh, amigo! No hay que tomarlo a broma. El globo desciende con mucha rapidez.
—TodavÃa tenemos objetos que arrojar: las mantas, los vÃveres, el agua, el barrilillo de whisky.
—Unos sesenta kilogramos en total. Poca cosa, Cardoso.
—Después, soltaremos la barquilla y nos agarraremos a la red.
—Espero que no llegará ese caso.
¡Ay de mÃ! HabÃan de llegar a este extremo, y antes de lo que creÃan. El globo, que ya habÃa sufrido abundantes sangrÃas, aunque continuaba marchando con notabilÃsima velocidad hacia la costa americana, descendÃa aún de trescientos a cuatrocientos metros por hora. Bien es verdad, también, que de cuando en cuando daba saltos de algunos centenares de pies como si tomase nuevas fuerzas, pero luego volvÃa a caer y más pronto que antes.
A las once, Cardoso, que se habÃa sentado junto al barómetro, comprobó que no se encontraban más que a mil quinientos metros. Las nubes estaban vecinÃsimas y se veÃan amontonarse confusamente, desgarrarse y volverse a cerrar por efecto de los violentÃsimos golpes de viento, bajar y volver a subir, y teñirse de luces vividas y rojizas.