En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas —¿Ante la vista de los ingleses? ¿Has olvidado al estacionario?
—¿Qué me importa? Déjalo que venga y no volverá a Yafnapatam —dijo el rey de los pescadores con una nota de rencor en la voz.
—¿Y qué vas a hacer con ella, señor? ¿La matarás?
—¡Matarla! ¡A la bella Mysora…! ¡Ah! ¡Si pudiese hacerlo!… Pero nunca tendrÃa valor para ello… ¡Maldito sea el dÃa que la miré en los ojos! ¿Están bien armados nuestros hombres?
—Están preparados a todo. Y luego, ya sabes que si fuere necesario, todos los pescadores de perlas acudirÃan a una señal tuya. ¿No eres su rey? Habla, y miles de hombres acudirán a vengar la muerte de tu hermano y a derribar al tirano.
—No, por ahora obraremos nosotros solos.
Somos lo bastante fuertes, y Mysora no llevará una tripulación muy numerosa.
Amali volvió a apoyarse en la cabeza del timón, se acarició la barba, requirió el narguile y no habló más. ParecÃa que meditara profundamente, sin, reparar en nada de lo que ocurrÃa alrededor del velero.
Los pescadores, en vista de que la nave del rey no daba señales de abandonar aquellas aguas, habÃan regresado poco a poco al banco, emprendiendo de nuevo su faena.