En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas —Aunque tenga que desafiar cien veces la muerte cada dÃa, mantendré mi juramento, Durga. ¿Sabes que también la noche pasada se me ha aparecido mi hermano en sueños? Llevaba aún su blanca camisa de seda, teñida en sangre hasta la cintura y mostraba la cabeza horrendamente aplastada por la pata del elefante carnicero.
—¿Y te ha hablado, señor? —preguntó Durga, mientras un escalofrÃo recorrÃa todo su cuerpo, haciendo tintinear los brazaletes de oro que llevaba en las muñecas.
—Sà —contestó Amali, mientras brillaban sus ojos con una luz siniestra—. «¡Hermano, me gritaba, recuerda tu juramento! Ha transcurrido casi un año ya y no has vengado todavÃa la destrucción de mi familia».
—Sà —dijo Durga, con voz alterada por la emoción—. Han transcurrido once meses desde que el maharajá asesinó al hermano del rey de los pescadores de perlas y nada has hecho todavÃa.
—¿Me haces un reproche, Durga?
—No, señor, porque hasta el presente no se habÃa presentado la ocasión de poder intentar nada contra el maharajá, pero…
—Tú verás qué cosas sabe hacer el rey de los pescadores —dijo Amali, con, voz resuelta.
—¿Aqu�
—¿Y por qué no?