En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas El cingalés de la camisa de seda blanca, apenas vio anclado el velero, habÃa acercado hacia sà un rico narguile con agua perfumada de rosas, y apoyándose cómodamente en la cabeza del timón hizo una seña a uno de los marineros que iba cubierto con un turbante verde.
—¿Vendrá aqu� —le preguntó en voz baja, cuando, como hemos dicho, todas las barcas se hubieron alejado.
—SÃ, Amali —contestó el hombre del turbante verde.
—¿Cuándo?
—Hoy mismo.
—¿Estás seguro?
—Me lo ha dicho Macabri, y ya sabes tú, patrón, que está siempre bien enterado de cuanto ocurre en la corte del maharajá de Yafnapatam.
—SÃ, porque le pagamos bien —dijo el rey de los pescadores con tono despectivo.
—Pero se juega la vida diariamente, patrón. Si el maharajá supiese que te sirve a ti, estarÃa irremisiblemente perdido.
Amali, el rey de los pescadores de perlas permaneció algunos momentos en silencio, mirando distraÃdamente el sol que se levantaba majestuoso en el horizonte, haciendo centellear las aguas del estrecho e iluminando las cintas de las montañas de Ceilán y de la vecina India, y enseguida contestó con acento sombrÃo.
