En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas El «Bangalore», después de haber pasado por en medio de dos islotes que formaban una barra, se internó lentamente por el canal sobre cuyas aguas proyectaban los árboles una espesa oscuridad.
Reinaba en aquel lugar profundo silencio, interrumpido tan sólo por improvisados ruidos que indicaban la inmersión de algún cocodrilo. Del agua, casi estancada, subÃa un olor nauseabundo de vegetales corrompidos y del almizcle emanado de los numerosos reptiles que se ocultaban, entre las plantas acuáticas.
Amali, ojo avizor, escrutaba las tinieblas mientras Durga atendÃa a la sonda, para evitar que el «Bangalore» embarrancase. También todos los demás prestaban atención a los bancos de arena, los cuales eran cada vez más numerosos.
Asà transcurrió una hora y el alba comenzaba a blanquear el cielo cuando llegó hasta ellos una descarga de fusilerÃa.
—¿Quién puede ser? —preguntó Amali, entregando la barra del timón a uno de los marineros—. Que yo sepa, este canal no ha sido habitado nunca por estar sus orillas infestadas de fieras.
—Serán cazadores —respondió Durga.
—¿Quién se atreverÃa a perseguir las fieras en esta jungla?
En aquel momento se dejó oÃr otra descarga.
—¡TodavÃa! —exclamó Amali.