En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas —Mil tiros para las espingardas.
—Darán también el abordaje.
—Yo se lo impediré.
—¿De qué modo?
Mientras sus indios y los del francés seguÃan haciendo fuego y alejaban el «Bangalore» para no hacerlo volar juntamente con la pinaza, Amali llamó a Durga y le dijo:
—Has de retirar las espingardas y a nuestros hombres de popa, y esparce durión[5] en la cubierta de proa; tenemos abundante provisión a bordo.
—Enseguida patrón.
—¿El durión no es una fruta? —preguntó el francés, asombrado.
—SÃ, señor —respondió Amali mientras hacÃa fuego.
—¿Qué queréis hacer?
—Fuego, señor. Tiráis admirablemente.
—Soy cazador de fieras.
—Cazad por ahora a esos salvajes.
En tanto que el «Bangalore», aunque con el mayor cuidado, se abrÃa paso alejándose más y más de la pinaza, Durga subió a cubierta, seguido de sus hombres que llevaban enormes cestos, que fueron colocados de pronto en la proa.