En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas La laguna tenía unos dos kilómetros de círculo y estaba ceñida por un soberbio bosque formado de árboles del pan y de plátanos abundantísimos en la isla de Ceilán, árboles del teck[7], la durísima madera, valerias indianas, o ponas, siempre verdes, y arundo calamus, que son las cañas de la India con que se fabrican nuestras sombrillas, las cuales en aquellos cálidos y fertilísimos países alcanzan la longitud de cien metros y aún más. Diseminados por el lago veíanse muchos islotes cubiertos de cocoteros, que son las más hermosas palmeras que se pueden admirar y que en Ceilán adquieren un desarrollo extraordinario.
Estas plantas se elevan sobre un delgado tronco, esparciendo a su alrededor largas hojas; son tan preciosas que bastan, para alimentar, apagar la sed y vestir a los isleños cingaleses.
El fruto que producen iguala casi a la cabeza de un hombre por su grosor, pero son algo ovales y un tanto triangulares.
Comúnmente producen sesenta frutos y aun setenta, y admira que una planta tan esbelta pueda sostener un peso tan enorme y desafiar los vientos que soplan impetuosos en aquellas regiones.