En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas —Gracias —respondió Amali con voz alterada por la emoción, estrechando la mano que el francés le tendÃa—. Si un dÃa consigo llevar a cabo mis proyectos y ocupar el trono de mis abuelos, vos seréis el primero en gozar de los beneficios.
—Me contentaré con el cargo de montero mayor del a corte —dijo el francés riendo.
—¡Oh! Algo mejor —respondió Amali—. ¿Cómo debo llamaros?
—Juan Baret. ¿Y vos?
—Amali.
—¡Su Alteza Real Amali! Bonito tÃtulo, que vale no menos que el de rey de los pescadores de perlas. Vamos a hacer grandes cosas, os lo aseguro, y cuando necesitéis de un hombre resuelto a todo, llamadme, y me encontraréis pronto.
Mientras el rey de los pescadores de perlas y el francés se ponÃan de acuerdo y se daban a conocer sus futuros proyectos, el «Bangalore» seguÃa internándose en la laguna, seguido siempre por numerosa escolta de cocodrilos, casi todos grandÃsimos, armados de larguÃsimos dientes duros como el acero, con la lejana esperanza de que una inesperada desgracia les permitiera atracar junto al buque en espera de algún tripulante.