En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas —Os lo contaré después de almorzar —respondió Amali—. Sabed por ahora, que he emprendido una peligrosa expedición en tierras del maharajá de Yafnapatam, el hombre a quien anhelo derribar del trono.
El francés le puso una mano sobre el hombro y le preguntó.
—¿Os parezco buen combatiente?
—Os he visto ahora mismo en esta prueba.
—Mi vida está destinada a transcurrir entre continuas aventuras, y las grandes emociones constituyen mi pasión. Me parece que no haber sentido nunca miedo a las fieras ni a los hombres significa algo. Os debo la vida; tomadla, unidme a vuestra suerte y yo os prometo que no tendréis motivos para quejaros de mÃ. ¿Aceptáis, rey de los pescadores de perlas?
—Un europeo, y además valeroso, serÃa para mà de un valor inmenso y, además, producirÃa grande impresión en mi adversario. Pensad, sin embargo que arriesgo una partida terrible, que podrÃa costarme la vida.
—¡La vida! —exclamó el francés encogiéndose de hombros—. ¿No me la juego cada dÃa contra las fieras? ¿Me queréis? DecÃdmelo francamente y aceptare con entusiasmo ser vuestro amigo.