En El Mar de las Perlas

En El Mar de las Perlas

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La isla de Ceilán es riquísima en vegetales, más aún que la India, y los bosques la cubren la mayor parte. Encuéntranse allí todas las esencias arbóreas de la zona tórrida; cocoteros, árboles del pan, que producen frutos gordos como la cabeza de un niño, conteniendo una pulpa amarillenta, dulzona y muy sabrosa; enseguida barejos flabeliformes de hojas grandísimas; palmeras infinitas, plátanos monstruosos, talipotas, árboles de la canela, higueras y muchísimas otras que no enumeramos para no cansar la paciencia del lector.

Todas estas plantas crecen a su albedrío, sin cultivo alguno, formando impenetrables maniguas que sirven de asilo a bandadas de monos, entre los cuales es notable el mandru, que lleva una luenga barba blanca que va de una oreja a otra.

Millares y millares de plantas parásitas se enroscan en todos aquellos troncos, entrecruzándose en todos sentidos y haciendo a menudo casi imposible el camino entre aquellos vegetales.

Juan Baret y Durga encontraron un sendero, probablemente abierto por alguna manada de elefantes bravos, y se internaron por él, sin demasiada dificultad, y sin tener necesidad de recurrir a los cuchillos de monte que completaban, su armamento guerrero.


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