En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas —¿Cuánto tardaremos en llegar a Yafnapatam?
—No más de seis horas, si es que algún imprevisto accidente no nos detiene.
—¿Conocerás si nos acecha alguna fiera?
—SÃ, y esto puede ocurrir de un momento a otro, pues estos bosques están llenos de alimañas.
—Ya haré yo que huyan.
—¿Habéis matado muchas, en vuestras cacerÃas?
—Centenares.
—¿Y tigres, también?
—Una docena, por lo menos.
—Entonces, en vuestra compañÃa no he de temer.
—¿Te amedrentan mucho?
—PreferirÃa habérmelas con cingaleses más que con tigres. Los que habitan estos bosques son grandÃsimos y no menos feroces.
—Pues te aseguro que pronto nos encontraremos con algunos —dijo Juan Baret.
—¡Oh, no digáis eso, señor! Mejor es que los tengamos lejos.
—No iré a buscarles, porque otras cosas requieren nuestra actividad, pero si se presenta alguno no le dejaré marchar sin que pruebe antes el sabor de mi plomo.
Alejándose cada vez más de la laguna, la selva se hacÃa más intrincada y tenebrosa a causa del follaje, tan enorme que impedÃa lo atravesase la luz.