En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas »La fiera debía haber venido de muy lejos por cuanto se decía, que, de memoria de hombre, jamás los había albergado aquella jungla, por no ser suficiente para proporcionar la necesaria comida a un devorador tan poderoso.
»Respondí al amigo que aceptaba de buena gana su proposición, y al día siguiente le vi llegar con dos elefantes, una jauría de veintiocho perros robustísimos y un considerable número de criados y halconeros.
»Yo, a mi vez montaba un buen caballo que me había acompañado otras veces en mis cacerías.
»Señalada la presencia del tigre, nos pusimos todos en su persecución.
»Todos los habitantes de las plantaciones y los vecinos de la aldea, habían salido a vernos desfilar, deshaciéndose de toda suerte de augurios y lanzando las más furiosas imprecaciones contra la fiera, que, desde hacía dos meses, tenía atemorizados a aquellos indios.
»La jungla no era muy extensa, y se podía atravesar a pie en un par de horas pero era algo difícil penetrar en ella a causa de la enorme masa de las cañas.
»En medio se levantaba una antigua pagoda en ruinas, consagrada no sé a qué divinidad, en la cual los indios, siempre supersticiosos, aseguraban que penetraba el tigre para cambiar de forma y que en su lugar encontraríamos al dios, pronto a devorarnos a todos.