En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas —He hecho bien en hacerle desistir de sus propósitos, y me felicito por ello. Veamos, capitán, ¿no se puede intentar nada?
—Lo estoy pensando.
—Tengo que proponeros un plan.
—¿Vos?
—SÃ, lo creo excelente.
—Hablad, señor.
—¿El maharajá es aficionado a la caza?
—Mucho.
—Pues entonces, si le aconsejarais dar una batida a los cocodrilos de la laguna, ¿os parece que aceptarÃa?
—Puede ser.
—Eso es lo que conviene que alcancéis. Cuando sale de caza, ¿se lleva siempre al niño?
—Nunca lo deja, porque sabe que mientras lo tenga en sus manos, nada intentará Amali contra Yafnapatam.
—Perfectamente.
—¿Por qué decÃs eso?
—Amali y sus hombres están ocultos en, la laguna y por lo tanto puede intentarse una sorpresa, con feliz éxito.
—¡Cómo os engañáis, señor! —dijo el capitán—. Cuando el maharajá sale de caza lleva a lo menos doscientos o trescientos hombres consigo.