En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas —Aunque llevase mil, me tendrÃa sin cuidado. Con un poco de astucia y de valor se puede, aprovechando una noche oscura, entrar en, la tienda del niño y llevárselo.
—¿Y los centinelas?
—¡Se matan!
—¿Qué clase de hombre sois?
—Soy quien ha jurado prestar algún gran servicio al rey de los pescadores de perlas y mantendrá su palabra. Acabemos: ¿podrÃais conseguir que el maharajá fuese de caza?
—Haré lo posible para ello.
—No os pido nada más por ahora. ¡Ah! Otra cosa.
—Decid.
—¿PodrÃa yo, en mi calidad de europeo y de cazador, formar parte del cuartel general del maharajá?
—Me comprometo a obtener para vos esta concesión.
—Gracias, capitán.
—Decidme: ¿continuará prisionera Mysora?
—Por ahora no tiene Amali ninguna intención de dejarla huir, porque …
—La ama —dijo el capitán.
—¿Cómo lo sabéis?
—Lo sospechaba.
—SÃ, la quiere mucho.