En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas —Estamos demasiado lejos de Amali. Los soldados del maharajá podrÃan perseguirnos y cogernos. En cambio, en la laguna tenemos el «Bangalore» y la fuga será más fácil y más segura, no teniendo a su disposición el maharajá ni siquiera una barca.
—Estáis en todo, señor. ¡Qué fortuna para Amali haberos hallado!
—Silencio, y volvamos a nuestra tienda.
Cuando llegaron encontraron al capitán de guardias.
—Al rayar el alba se abre la caza —dijo al francés—. Se han señalado ya cinco tigres y el maharajá me ha encargado que os confÃe el puesto de honor.
—¿Corre prisa ver devorar a un europeo? —dijo Juan Baret, riendo.
—Me parece que su idea es poner a prueba vuestro valor.
—Trataré de complacerle, capitán. Conozco los tigres y alguno caerá bajo mis balas.
—¿Queréis otras carabinas? El maharajá está pronto a proporcionároslas.
—La mÃa me basta —respondió Juan Baret—. Me sirvo de ella hace diez años y no me ha fallado una sola vez. La prefiero a todas las que posee vuestro señor.
—Durmamos, porque con los tigres hay que tener bien descansados los músculos y el pulso firme.