En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas De repente vióse aparecer entre los perros, como un rayo, un tigre de talla enorme. A cada salto que lanzaba ganaba un espacio de ocho o diez metros. Desaparecía entre la jungla y volvía a salir para meterse de nuevo en la espesura y esto con tanta rapidez que no daba tiempo a los cazadores para mirarlo.
—Parece que vuela —dijo Juan Baret, que había apuntado ya varias veces la carabina—. Pronto se detendrá y entonces haremos fuego.
El tigre continuaba en sus evoluciones, sin que disminuyera la arrancada, hasta que, con un repentino salto llegó casi a veinte metros de la línea de los elefantes.
Los batidores se habían retirado ya detrás de los paquidermos sin dejar de aullar.
—¡Azuzad los perros! —gritó en aquel momento el maharajá.
Aquellos valientes animales se habían lanzado intrépidamente hacia adelante, ladrando con furor. Eran, más de ciento y llevaban todos collares de hierro erizados de púas.