En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas Al momento se vio una forma negra y larga salir de entre las cañas y dirigirse hacia la orilla. Era una barca tripulada por cuatro hombres armados de fusiles.
—¿Eres tú, Durga? —preguntó el francés.
—SÃ, señor —respondió el segundo—, y viene conmigo el patrón.
—Amali —exclamó el capitán, profundamente emocionado a la idea de poder abrazar a su amigo al cabo de tantos años de separación.
Poco después, la barca habÃa salvado la distancia y atracaba en la orilla.
Un hombre, vestido de cingalés, saltó en tierra, estrechó la mano del francés y enseguida se arrojó en los brazos, ya abiertos, del capitán de guardias, exclamando:
—¡Finalmente, puedo volverte a ver, mi bravo Binda!
—¡Amali! —exclamó el capitán—. ¡Mi futuro señor! ¡Es este el dÃa más feliz de mi vida!
—Otros veremos mejores, amigo —respondió el rey de los pescadores de perlas—. Todos estamos prontos. Señor Juan Baret, ¿cómo podré recompensaros? Durga me lo ha contado todo, y apruebo plenamente vuestro plan, único que puede tener buen resultado.