En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas —Los soldados y los ojeadores están demasiado ocupados para pensar en vigilar las orillas de la laguna, y luego no sospechan nada de lo que estamos preparando. ¿Habéis reparado dónde está el niño?
—Siempre próximo a la tienda del maharajá.
—Y los elefantes, ¿están a corta distancia?
—Detrás de la tienda del prÃncipe.
—Perfectamente; todo marcha a pedir de boca. Dentro de dos horas el niño estará en nuestro poder.
—¿Y dónde huiremos luego?
—A la laguna, si no nos cortan el camino. Cuando hayamos llegados al «Bangalore», bajaremos por el canal y luego nos iremos derecho a los escollos.
—Me han dicho que aquella roca es inexpugnable y que desde allà podremos desafiar las iras del maharajá y de todos los habitantes de Yafnapatam.
El francés caminaba por la orilla mirando dónde ponÃa los pies; pues no era improbable que hubiese caimanes escondidos entre las plantas acuáticas, y divisó a cincuenta metros el cañaveral que habÃa indicado al segundo del rey de los pescadores de perlas.
—Si es allÃ, debe estar escondido dentro —dijo.
Acercó dos dedos a los labios y lanzó un silbido que podÃa confundirse con el de las ocas silvestres silbantes o el de una serpiente de cascabel.