En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas LA cacerÃa habÃa finalizado hacÃa ya dos horas y el campamento estaba sumido en la oscuridad cuando Juan Baret y el capitán de guardia dejaban, sin ser notados, aquel lugar para dirigirse hacia la laguna.
HabÃan dicho a los criados que salÃan a cazar, por los canalizos, ánades nocturnos y que regresarÃan a medianoche, para que se lo advirtiesen al maharajá si preguntaba por ellos.
Atravesando el campamento, iluminado ahora por inmensas hogueras para preparar la cena, el francés y el capitán bordearon el pantano donde habÃa tenido lugar la batida de cocodrilos y enseguida se internaron por los matorrales, dirigiéndose hacia la laguna, que no distaba más allá de mil pasos.
La noche era muy oscura, pero Juan Baret que habÃa visitado de dÃa aquellos lugares estaba segurÃsimo de no extraviarse y hallar el cañaveral que habÃa indicado a Durga.
—¿Hemos llegado ya? —preguntó el capitán.
—Lo encontraremos —respondió el francés—. Amali, suceda lo que quiera, no faltará a una cita, especialmente ahora que se trata de sus intereses.
—Me tiembla el corazón al pensar en el peligro a que se expone.
—Pues yo estoy muy tranquilo.
—¿Y si alguien hubiese descubierto su chalupa?
