En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas —Tienen los perros —dijo el capitán—. Pero antes de que las descubran se requiere tiempo, y luego, la jungla es espesa y húmeda.
—Y esa vieja pagoda, ¿se ve ya? —preguntó Durga.
—Pronto llegaremos —respondió Binda.
Continuaron avanzando, llevando siempre al niño para sustraerlo a los pinchazos de las espinas, y doblando las ramas que obstruÃan el paso.
Debieron detenerse otras dos veces, por haber oÃdo pasar a corta distancia enormes animales, búfalos o jabalÃes, y después el capitán se detuvo anunciando:
—Ya estamos.
—No veo nada —dijo el francés.
—Aguardad a que hayamos pasado por entre estos inmensos bambúes.
—¿Hay algún espacio libre alrededor del templo?
—SÃ.
—De esta suerte estaremos en condiciones de ver si se adelantan, los cingaleses.
El capitán se internó por en medio de la vegetación, apartándola violentamente para abrirse paso, y llegó a un espacio casi descubierto en, medio del cual se elevaba un informe edificio, rematado por una cúpula piramidal perforada por infinito número de ventanas.