En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas —¿Habrán resucitado los bonzos sepultados desde siglos? —preguntó Juan Baret, observando.
—Son dos puntos luminosos, señor.
—Entonces no son linternas.
—SerÃan menos peligrosas.
—¿Será alguna fiera? Encendamos luz, señores no me gusta la oscuridad.
—Id a buscar cañas secas —mandó Amali a los dos marineros.
—Y nosotros tengamos preparadas las armas —dijo el capitán—. Veo moverse aquellos dos puntos fosforescentes; estoy seguro de que son los ojos de una fiera.
Los dos marineros bajaron la escalera y poco después regresaban llevando cada uno un haz de cañas muy secas.
Juan Baret encendió las pajuelas y prendió fuego a dos haces, arrojándolos diestramente dentro de la pagoda, que quedó iluminada en un momento.
HabÃa agazapado un animal cerca de una estatua de Buda que se hallaba en el centro del edificio; a aquella imprevista irrupción de luz brincó, lanzando un inmenso salto y refugiándose en el ángulo más oscuro.
—Es un leopardo —exclamó Juan Baret.
—Y tiene aquà su guarida —dijo Amali—. ¿No veis las osamentas que se encuentran cerca de la estatua?