En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas AMALI, Juan Baret y el capitán, salieron precipitadamente de la pagoda, armados y vieron a Durga y los marineros arrodillados detrás de una esfinge que se levantaba en medio de una explanada.
—Patrón —dijo Durga—; los cingaleses han descubierto nuestro escondite.
—¿Los has visto?
—He oÃdo un ladrido ahogado.
—¿Dónde?
—Ha partido de aquel grupo de bambúes que ves delante de nosotros. Allà debe haber hombres escondidos.
—Que vengan.
—Hay más aún.
—¿Qué hay?
—He oÃdo a lo lejos nuevos ladridos.
—Eso significa que otros hombres han cruzado la jungla —dijo el francés—. Amali, ¿qué os parece si abandonásemos este templo ahora que Maduri no nos sirve ya de estorbo?
—Creo que serÃa peor, teniendo que combatir con tantos hombres que pueden atacarnos, por todas partes.
—Pero si nos sitian, será peor —dijo Juan Baret—. Si huimos podemos esperar llegar a la laguna.
—¿Y Maduri?
