En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas —Lo vendremos a buscar después. Poniendo tiempo por en medio alejaremos el peligro de que pueda ser descubierto. Decidid, antes de que los cingaleses nos asalten. La oscuridad es profunda y la jungla muy espesa Deslizándonos entre la vegetación podremos escapar a la caza que nos van a dar.
—SÃ, tenéis razón, Juan Baret —respondió Amali—. ¿Estamos todos?
—Todos.
—Durga, ponte al frente; los marineros a retaguardia.
Bajaron cautelosamente la escalera, deslizándose a lo largo de los muros, y ocultándose entre los escombros, llegaron detrás de la pagoda.
—Si pudiéramos encontrar la reja y avisar a Maduri —dijo Amali.
—No perdamos tiempo —dijo Juan Baret—. Los cingaleses están más: cerca de lo que creemos. Ya pensaremos mañana en el muchacho.
Lanzáronse en la jungla, deslizándose cautelosamente entre los bambúes y las cañas espinosas, con el dedo en el gatillo de la carabina, y atento el oÃdo para recoger el más ligero rumor.
Un ladrido ahogado les advirtió que los cingaleses se hallaban a corta distancia.
—Ya vienen —dijo Juan Baret.