En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas —Ya que no podemos evitar el encuentro, nos batiremos y echaremos a pique cuantas barcas podamos; será facilÃsimo.
—Vos todo lo encontráis fácil, señor —respondió Durga riendo—. Aun cuando se trataba de librarnos de los cocodrilos os parecÃa una cosa sencillÃsima.
—¡Pues ya lo has visto!
—Cualquier otro hubiera encontrado la cosa, si no imposible, dificilÃsima… ¡He visto otra luz!
—¿Dónde?
—Algo más lejos que la primera.
—Eso quiere decir que están allà las galeazas aguardándonos. Avisa a Amali y que haga armar a la gente. Veremos si podemos sorprender a nuestros enemigos.
—Juan Baret fue a coger su carabina y se sentó en la proa, junto al capitán, que se les habÃa reunido.
En medio de aquella profunda oscuridad veÃanse centellear dos luminosos, que ora parecÃan alejarse, ora se agrandaban.
—Son los faroles de las naves —dijo el francés—. ¿Conocéis este canal, capitán?
—Sà —dijo Binda.
—¿Es muy ancho en, la boca? Yo sólo lo pasé una vez y no me acuerdo.
—Quinientos pasos.