En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas —Asà ha sido.
—Pésame que ese bravo muchacho haya tenido un fin tan desastroso —dijo Amali—. Los hombres que tenÃan encargo de vigilarlo y lo han dejado escapar recibirán el castigo merecido. Mysora serÃa capaz de guardarme rencor por la muerte del prÃncipe.
—Un rival menos —dijo Juan Baret—. Vuestro prisionero podÃa convertirse en un hombre inoportuno.
—Era un prÃncipe leal y valeroso.
—DebÃa quedarse en su habitación y no tratar de huir. Dejemos al prÃncipe y pensemos en organizar la defensa.
—Todo está pronto, señor —dijo el cabo—. Hemos colocado las espingardas detrás de los parapetos, y amontonado enorme cantidad de rocas para arrojar sobre las galeazas.
—Juan Baret —dijo Amali—, ¿queréis visitar nuestras defensas?
—¿Y vos?
—Me urge verla —contestó Amali en voz baja.
—Y sobre todo, hablarla.
—SÃ, Juan Baret.
—¿Cuándo me presentaréis a ella?
—Mañana.
—Os auguro que os hará muy buena acogida.
—Gracias, Juan Baret —respondió Amali suspirando.