En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas —Mantendrá su palabra, Juan Baret. Conozco la crueldad de ese hombre.
—Se romperán, inútilmente la cabeza contra estos escollos. Son diez veces más numerosos que nuestros hombres, y sin embargo, no lograrán asentar su planta en el arrecife. Es una roca verdaderamente inaccesible.
—Y bien, armada.
—Y vuestros hombres tiran bien, mi querido Amali. Ya han echado a pique otra galeaza, al hacer la primera descarga. Vamos a tirar nosotros. Conozco las espingardas y sé manejarlas.
—¿Qué es lo que no sabéis hacer?
—Un aventurero debe saber manejar todas las armas de fuego —contestó Juan Baret—. Disparemos algunos cañonazos también nosotros.
Las galeazas del maharajá de Yafnapatam y las del prÃncipe de Manaar respondÃan vigorosamente a las espingardas del rey de los pescadores de perlas, derribando las obras de defensa y tratando de lanzar balas contra el palacio.
HabÃan rodeado el arrecife, en los sitios que ofrecÃan menos blanco y disparaban bravamente para poder batir todos los terraplenes. Algunas, como sà adivinaran que detrás de los escollos debÃa haber alguna abertura o algún aproche se habÃan adelantado en aquella dirección, desembarcando marineros en medio de los bancos.