En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas Eran las galeazas de mayor porte y mejor armadas, provistas cada una de dos espingardas y tripuladas por cuarenta marineros.
—Tratan de descubrir la caverna —dijo Amali, que seguÃa atentamente sus movimientos.
—¿Y si la encuentran?
—No me importarÃa mucho —respondió Amali—. La abertura que lleva a la galerÃa está cerrada por una puerta de enorme espesor y, además, ya ha sido retirada la escala.
—PodrÃan encontrar el «Bangalore».
—Está muy bien oculto en una caverna lateral, y además, Durga ha cerrado la entrada con una empalizada de madera de teck, que ninguna espingarda es capaz de derribar.
—¿Y las minas?
—¡Las minas! ¡Es verdad! ¡No habÃa pensado en ello!
—Vamos a desembarazarnos de esos marineros antes de que consigan descubrir la entrada de la gruta.
Hizo sonar un silbato y a esta señal acudieron cuarenta o cincuenta hombres a quienes dio orden de bajar hasta donde lo permitieran las paredes rapidÃsimas del arrecife, y atacasen a los hombres que habÃan desembarcado.