En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas A todo esto, el peligro que corrÃan los pescadores de Amali era grave teniendo que luchar con fuerzas diez veces superiores y contra doble número de bocas de fuego, que causaban pérdidas gravÃsimas entre los defensores.
La batalla habÃa llegado a su punto culminante cuando Amali, mirando al mar, divisó en lontananza gran número de puntos negros que al parecer se dirigÃan hacia la roca. Eran tantos que aparecÃa cubierto por ellos un inmenso espacio de mar.
—¡Juan Baret! —exclamó—. ¿Veis?
—SÃ, veo —respondió el francés—. Son barcas o galeazas que avanzan. ¿Quién puede haber reunido una flota tan numerosa? ¿Habrá el maharajá de Yafnapatam concertado alianza con algún otro prÃncipe?
—No son galeazas; son barcas.
—Que irán tripuladas por amigos o por enemigos.
—Me parece que vienen de los bancos de Manaar.
—¿Entonces son…?
—¡Los pescadores de perlas que acuden en defensa de su rey! —gritó Amali—. Han oÃdo el cañoneo y han dejado los bancos.
—¡Son millares de barcas!
—SÃ, Juan Baret. ¡Han acudido todos! ¡Valor, mis leales! ¡Vuestros compañeros van a llegar! ¡La victoria es segura!