En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas —Apresuremos la marcha: trataremos de darle alcance antes de llegue al fuerte.
La columna partió a la carrera, desfilando bajo aquellos inmensos árboles que la borrasca hacÃa doblar, retorciéndose y esparciendo, ramas.
En veinte minutos recorrieron dos millas, luchando con el vendaval, y enseguida el hombre que guiaba se detuvo bruscamente y dijo a Amali:
—El hombre blanco tenÃa razón al decirte que alguien nos precedido.
—¿Por qué?
—Veo hombres emboscados.
—Debe ser la guarnición del fuerte que nos sale al paso.
—Los atacaremos igualmente —añadió Juan Baret—. También nosotros formamos número.
—¿Son muchos? —preguntó Amali.
—No lo sé —respondió el marinero.
—Haremos lo posible para envolverlos.
Mientras los pescadores de perlas se disponÃan a dar batalla, la tempestad volvÃa a enfurecerse.
A la luz de un relámpago, Amali y Juan Baret habÃan divisado en medio de los árboles un grupo compacto de hombres semidesnudos, una especie de muralla viviente, formando un cÃrculo amenazador y erizado de lanzas llameantes bajo los relámpagos.