En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas —Cuatro espingardas; en cuanto a municiones de boca, nada; ni siquiera un plátano. Se ve que estos dÃas el fuerte no habÃa sido aprovisionado.
—Si el asedio debiese prolongarse, nos encontrarÃamos en situación crÃtica —dijo el francés—. ¡Y no cesa el huracán!
—Este viento es el que me da que pensar —dijo Amali—. Si el mar no se calma, los pescadores de perlas no dejarán sus refugios.
—Hagamos callar al estómago entretanto, y armémonos de paciencia —concluyó el francés.