En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas LOS pescadores se habían puesto a la tarea con grande energía para reparar los estragos producidos por la mina, que eran graves, pues la explosión derribó veinte metros de empalizada.
Mientras algunos hacían fuego con las espingardas, respondiendo a los tiros de fusil de los sitiadores, los otros habían retirado las fajinas, y luego habían cavado un segundo foso para levantar las estacas abatidas.
Por la mañana el fuerte había recobrado su primer aspecto y se encontraba en condiciones de rechazar un asalto.
Los cingaleses, por su parte, no habían perdido inútilmente el tiempo. Habían cavado numerosas zanjas y levantado trincheras alrededor del fuerte, resueltos, a lo que parecía, a estrechar el sitio e impedir que efectuasen salidas para aprovisionarse o regresar a la costa.
Eran un millar por lo menos, parte armados de fusiles y parte de armas blancas; número harto enorme para decidir a los pescadores de perlas a intentar abrirse paso.