En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas —Maduri —contestó el rey de los pescadores de perlas—. Quizá ese niño caerÃa derribado en la carga.
—Construiremos un palanquÃn que confiaremos a cuatro de los hombres más robustos, y nos agolparemos a su alrededor para defenderlo. Él es el más precioso de todos.
—Apruebo la idea.
—Por otra parte, yo iré a retaguardia para protegerlo por la espalda.
—Y yo abriré paso con Durga y el capitán. Daremos una carga tremenda.
—Esperemos a que los cingaleses se hayan dormido. La empresa será menos difÃcil.
—¡Mientras el «Bangalore» permanezca anclado aún delante de la aldea!
—¿Quién podrá haberlo asaltado? Las galeazas del maharajá no han de haberse atrevido a desafiar el mar, dadas sus pésimas condiciones.
—Hagamos nuestros preparativos —dijo Juan Baret—. Detrás de nosotros dejaremos incendiado el fuerte.
El resto de la jornada la ocuparon en dictar todas las disposiciones necesarias para la salida que debÃa efectuarse a las dos de la madruga o sea la hora en que el sueño se apodera mayormente de las personas.