En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas Amali y el capitán, seguidos de veinte pescadores, escogidos entre los más robustos, debÃan dar la primera embestida.
Otros tantos debÃan escoltar a Maduri, y Juan Baret y Durga protegerÃan la retirada con los otros diez y dos pequeñas espingardas que podÃan llevarse sin demasiada dificultad.
Para engañar mejor a los sitiadores y también para atacarlos mejor, hizo que a las diez de la noche los marineros continuaran disparando violentamente, poniendo fuera de combate a buen número de enemigos y consumiendo casi todas las municiones halladas en el fuerte.
Después cesaron, fingiendo retirarse a las cabañas para descansar, apagando por fin las hogueras que habÃan tenido encendidas toda la noche anterior para no dejarse sorprender.
A la una de la mañana fue levantada la palanca y quedó formada la columna.
Maduri, después de viva insistencia, se habÃa decidido a dejarse conducir en palanquÃn. Amali se vio obligado a hacer uso de toda su autoridad; porque al valiente muchacho le repugnaba no exponerse a los mismos peligros que estaban afrontando los otros.
—Adelante, y no hagáis el menor ruido —mandó Amali a los hombres.