En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas Mientras los primeros grupos salĂan sigilosamente, Juan Baret y Durga, se habĂan llevado toda la pĂłlvora que habĂa quedado dentro de un barracĂłn, poniendo una larga mecha.
—Estas barracas arderán como yesca —dijo el francés—. Dentro de una hora no quedará nada de este fuerte.
—Asà no se verán obligados a tomarlo por asalto por segunda vez —respondió Durga, encendiendo la mecha.
—Despachemos; los otros ya van adelante.
—¿Y las espingardas?
—Las llevan dos de nuestros hombres más robustos. Si nos embarazan, las abandonaremos.
Alcanzaron prontamente el grupo que les aguardaba al otro lado del foso. Antes de alejarse, Juan Baret mirĂł hacia el barrancĂłn y vio que salĂan algunas chispas.
—Ya empieza a arder —dijo—; todo va bien.
Amali y los suyos habĂan atravesado ya la explanada, seguidos del segundo grupo, que escoltaba a Maduri. Hasta aquel momento los cingaleses no habĂan advertido la salida de la guarniciĂłn.