En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas Veinte manos desgarraron la manta que ocultaba a Juan Baret y este se vio rodeado por una muchedumbre de cingaleses armados de carabinas que no eran los de la escolta.
Cien bocas prorrumpieron en un grito de alegrÃa y de estupor.
—¡El hombre blanco! ¡El salvador de Amali! ¡Viva el francés!
Juan Baret se vio libre de las redes y levantado en, andas. Vio por doquier gente armada que se arremolinaba en una gran plaza y palmoteaba frenéticamente, saludando con entusiasmo. Por un momento creyó soñar.
Un hombre que llevaba en la cabeza un enorme plumero de pavo real y vestÃa una soberbia camisa de seda azul recamada de plata, se abrió paso, hizo bajar en tierra al francés, aún asombrado, y le estrechó la mano diciendo:
—Soy el hermano del capitán Binda y sé que le salvasteis de los dientes de los cocodrilos. ¿Queréis poneros a nuestro frente? La revolución triunfa por doquier.
—No comprendo —respondió Juan Baret, que no sabÃa explicarse aquella calurosa acogida.