En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas —No lo ignoro —contestó el rey de los pescadores, saliendo de su abstracción—; las playas de Ceilán nos están vedadas.
—¿Dónde esperaremos el regreso de Mysora? Si debemos dar el golpe, intentémoslo en alta mar, para evitar el peligro de que los de Yafnapatam oigan el estampido de las espingardas y corran a darnos caza.
—Iremos a ocultarnos detrás de los escollos de Say —respondió Amali—. Si el prÃncipe Dapali, como sospecho, la acompañase y reconociese mi nave, cambiarÃa de rumbo y huirÃa hacia las costas de la India.
—O lo que es peor, podrÃa pedir auxilio al crucero inglés. ¡Mal negocio, patrón, si entran en juego los cañones!
—Si el golpe falla, volveremos a refugiarnos en nuestro inaccesible nido, esperando mejores tiempos para asestarle un golpe en el corazón al maharajá, aun cuando yo estoy seguro de que, antes de mañana, habrá caÃdo Mysora en mis manos. He aquà los escollos; vayamos a buscar en ellos un refugio en espera de que regresen los cingaleses.
A cosa de dos millas del «Bangalore» veÃanse gran número de rocas que formaban un vasto semicÃrculo, ocupando un espacio de tres o cuatrocientos metros.