En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas —El despertar, sin embargo, puede ser fatal para vos, Amali —dijo Baret—. El maharajá, el hermano de Mysora, anda fugitivo y trata vengarse.
—¿De qué manera? Ahora somos quince mil y pronto daremos cuenta de las pocas tropas que le permanecen fieles.
—¿Cuántos habéis dejado en la roca? —preguntó Juan Baret.
—Mi escollo no necesita muchos soldados para ser custodiado. ¿No somos vencedores?
—SÃ, pero no por mar, y he de deciros que el maharajá se dispone a asaltar vuestro refugio y arrebataros a Mysora.
—¡Mysora en peligro! ¡Mysora amenazada! —gritó el rey de los pescadores con voz terrible—. ¡Ah, miserable maharajá! ¡SerÃa capaz de matarla para impedir que fuese mi esposa!
Se lanzó fuera de su tienda como un loco, sin escuchar más, gritando:
—¡Al mar! ¡Al mar! ¡Embarcaos todos! ¡A mi roca! ¡A mi roca! Los pescadores, aun cuando no hubiesen comprendido nada en aquella orden imprevista, viendo a su rey tan agitado, con el rostro convulso y los ojos encendidos, se habÃan precipitado hacia la orilla, embarcándose en sus chalupas.
También el «Bangalore» se habÃa, acercado a la ribera para embarcar a su amo.