En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas Juan Baret y Durga habÃan seguido a Amali que, con voz angustiada, daba explicaciones a los patrones sobre el motivo de aquella precipitada partida.
—Tranquilizaos —dijo el francés que se habÃa reunido en su nave al rey de los pescadores—. El maharajá sólo nos lleva algunas horas de ventaja, y por lo tanto no debéis tomarlo con tanto calor, Y aun dudo que haya podido reunirse a su flota.
—¿Y si hubiese partido ya? —preguntó Amali con angustia.
—Vuestra roca, aún defendida por algunos hombres no se toma en diez minutos.
—Es verdad —declaró el rey de los pescadores que, poco a poco, habÃa ido recobrando la calma—. ¡Cuánto agradecimiento os debo, Juan Baret! ¡Sin vos habrÃa perdido ciertamente a Mysora, porque jamás hubiera podido imaginar tamaña perfidia en aquel hombre!
—No me concedáis demasiado mérito. Si el ministro del maharajá no me lo hubiese dicho, nadie habrÃa sabido palabra.
—¿Habéis partido en, seguida?
—Sin pérdida de tiempo.
—¡Y yo que os creÃa muerto!
—¿Matado por los candianos?
—SÃ, Juan Baret.
—¿Y a Maduri también?
—También él.