En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas —HabÃais decidido, sin embargo, proseguir la empresa.
—Y vengaros —respondió Amali.
—¿Y cómo pudisteis escapar de los candianos?
—No sé. Mi pelotón, logró romper sus lÃneas, aún mal cerradas, y pasó. Huimos a bordo del «Bangalore» para no caer prisioneros, y en el mismo momento llegaban las primeras barcas de los pescadores de perlas, que habÃan, buscado refugio en una bahÃa poco distante de esta.
—¿Y los candianos?
—Han huido apenas han visto llegar aquellos refuerzos.
—¿Dónde habrán ido?
—No sé, ni me importa saberlo. Después, si no deponen las armas les perseguiremos y batiremos. Ahora nuestras fuerzas son imponentes y nadie se atreverá a oponer resistencia. Ya veréis cómo mañana todas las demás ciudades del Estado reconocerán a Maduri como maharajá.
—¿Y vos?
—Seré su primer ministro y empuñaré las riendas del poder hasta que haya llegado a la mayorÃa de edad. Y de vos, querido Juan Baret. ¿Qué vamos a hacer?
—Me contentaré con el cargo de montero mayor de Maduri.