En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas —No, serÃa muy poco. Vos, que habéis hecho triunfar la revolución, seréis nuestro general. Ningún otro os podrÃa igualar por el valor y la habilidad guerrera.
—Dejemos eso —dijo el francés riendo—. Ya hablaremos después, y luego, que no contáis con la aprobación del nuevo maharajá.
—Maduri os debe principalmente a vos el trono, y luego, el mozo hará lo que quiera su primer ministro, a lo menos hasta que haya llegado a la edad necesaria para reinar bien.
La inmensa escuadra de los pescadores de perlas, precedida por el «Bangalore» habÃa ya salido de la bahÃa, dispuesta en dos interminables columnas y se habÃa dirigido al Sur, maniobrando precipitadamente con sus remos.
La noticia de que su rey iba a librar la última batalla con el exmaharajá para impedirle que fuese a destruir la roca y apoderarse de Mysora se habÃa esparcido entre ellos rápidamente, y aquellos bravos marineros que hasta entonces no habÃan tenido ocasión de mostrar su valor, estaban ansiosos de llegar a las manos.
QuerÃan ellos también tener su parte en la insurrección que habÃa derribado al tirano para restablecer en el trono al descendiente de la antigua dinastÃa.