En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas Esta iba precedida por una barca de gran porte, ricamente decorada con dorados, de más de veinte metros de largo y armada con cuatro espingardas. Veinticinco remeros la impelÃan y otros tantos guerreros se hallaban agrupados a popa y a proa.
—¡La galeaza del maharajá! —gritó Amali—. ¡Caigámosle encima antes de que huya!
Mientras una columna corrÃa contra la primera escuadra con rapidez fulmÃnea, asaltándola a tiros de carabina y espingarda y rodeándola, la otra, precedida por el «Bangalore», atacaba la segunda, empeñando un sangriento combate, que, dado el número enorme de los pescadores de perlas debÃa acabar de mala manera para los cingaleses.
Amali, viendo que la galeaza real continuaba la, fuga, fue en su persecución, lanzándole recias andanadas.
Los hombres del maharajá, sin embargo continuando siempre en retirada, respondÃan, con mucho ánimo para defender a su señor que corrÃa serio peligro de ser capturado.
No estaban, sin embargo, en condiciones para esquivar la persecución a causa de la extraordinaria velocidad del «Bangalore», que estrechaba de cerca a la nave enemiga.