En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas Amali, viendo que otros hombres acudÃan en defensa de la hermana del maharajá, redoblaba los golpes, gritando:
—¡Valor, mis bravos! ¡Hundid esta barrera! ¡Un esfuerzo más y es vuestra la victoria!
De dos golpes de cimitarra hizo caer a otros tantos cingaleses, de un pistoletazo derribó a un tercero y enseguida se precipitó furiosamente contra el tropel de los enemigos, repartiendo tajos y mandobles a diestro y siniestro.
Los cingaleses, ya desmoralizados por la muerte de su oficial, aterrados ante el extraordinario valor del rey de los pescadores de perlas, sólo oponÃan una débil resistencia, no obstante los gritos alentadores de Mysora.
La hermosa cingalesa, nada asustada por la sangrienta lucha que se empeñaba a su alrededor, trataba de reanimarlos.
Y, por su mano, de un pistoletazo habÃa derribado a un pescador de perlas que trataba de acercársele, y ya dos veces habÃa hecho fuego contra otros.
—¡Tened firme! —gritaba—. ¡Vienen en socorro nuestro! ¡Acordaos del maharajá! ¡Defended a vuestra señora!