En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas —No, es un valiente —respondió Amali—. Véndale la herida y llévalo a tu camarote. La herida no debe ser grave.
—Está bien, patrón.
En aquel momento partió un cañonazo del crucero inglés y la bala agujereó una vela del «Bangalore».
—¡Al Sur! —gritó Amali cogiendo la barra del timón—. Es inútil usar las espingardas.
La nave se puso al viento para poder cogerlo en popa y se deslizó sobre las olas, alejándose.
También el crucero inglés desplegó todo el velamen suplementario y aumentó su velocidad, imitando la maniobra del «Bangalore».
Sin embargo, era demasiado pesado para poder competir con el ligerÃsimo velero del rey de los pescadores de perlas, que apenas parecÃa rozar el agua.
Dos veces más tronó su cañón, pero los disparos resultaron cortos.
—Ya estamos fuera de alcance —murmuró Amali, con una sonrisa de satisfacción.
Durga salÃa en aquel momento.
—¿Has curado al prÃncipe? —le preguntó el rey de los pescadores.
—SÃ, patrón.
—¿Es grave su herida?